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Pescadores rescatados en alta mar se reencuentran con su familia y cuentan su odisea

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Reencuentro pescadores

Momentos de alegría y emoción desbordante protagonizaron esta mañana los familiares y vecinos de tres de los pescadores desaparecidos en alta mar hace dos meses, los mismos que hace unos días fueron rescatados por pescadores ecuatorianos después de permanecer a la deriva en la embarcación Mi Juanita por 55 días.

José Luis Albines Mendoza (52) padre, José Gabriel Albines Machacuay (31) hijo, y Vladimir Gonzáles Peña (32) yerno, llegaron a las ocho de la mañana de hoy a su casa en el asentamiento humano Luis Paredes Maceda, donde sus esposas, madre, hermanos y vecinos, los recibieron con mucha alegría.

Testimonio

José Luis contó que la nave, después de unos días de haber zarpado desde Pucusana, Lima, le fallaron las baterías. No tuvieron la ayuda requerida y a partir de esos momentos se inició su calvario. Quedaron a la deriva y la corriente de Humboldt los comenzó a arrastrar hacia el norte hacia aguas internacionales.

“Solo teníamos víveres para diez días, y comenzamos a racionalizar la comida. Incluso hubo días en que no comíamos para guardar alimento porque no sabíamos cuántos días íbamos a estar a la deriva”, contó el patriarca de la familia.

Dijo que utilizaban un cordel para pescar, y que a veces lograban pescar y tenían que repartirlo entre los cinco, “y el agua solo tomábamos hasta un dedo del vaso hasta que se acabó, pero cuando llovía la juntábamos y utilizábamos nuestra ropa para que se moje y luego exprimirla”, prosiguió su relato José Albines, hasta que José Gabriel logró divisar la bolichera atunera ecuatoriana cerca de las islas Galápagos.

“Lo que hicimos es subir al mástil a pedir auxilio, a gritar, a levantar pantalones a hacerles señas, y los del mirador de esa embarcación nos alcanzó a ver y se acercó a nosotros. Siempre teníamos fe, nunca la perdimos porque sabíamos que nos iban a encontrar”, dijo José Gabriel.

“Nos subieron a su barco, nos alimentaron, nos dieron suero, nos trataron bien los hermanos ecuatorianos. Llegué por un momento a perder la esperanza, pero nunca perdí la fe. Estoy feliz por volver a ver a mi hijita que lloraba”, exclamó con alegría.

Por su parte, Vladimir, el cuñado y yerno a la vez de José Gabriel y José Luis, relató que la nave norteña no fue la única que vieron pasar durante su odisea. “Fueron varias que pasaban de lejos, nos veían pero seguían su camino porque quizá pensaban que éramos piratas”, dijo el joven padre de familia.

Manifestó también que nunca perdió la fe, que era su familia la que lo mantenía en pie hasta que finalmente se dio lo que tanto esperaban.

“Decía a Dios, no me mates de sed, de hambre, tengo cuatro hijitos, escucha la oraciones de mis hijos, de mi familia. Estoy muy agradecido con mi familia a acá en Piura, del puerto de Pucusana, esto me ha enseñado muchas cosas, aquí se ven a los amigos”, remarcó Vladimir.

Una odisea que terminó en un final feliz para estos pescadores, quienes a pesar de todo lo vivido, dijeron que continuarán saliendo a la mar, a la pesca, porque ese es su oficio y el sustento de su familia, aunque reprocharon el poco apoyo que, según dijeron, encontraron en las autoridades peruanas.