Hace un año, el humo blanco sobre la Capilla Sixtina anunció al mundo la elección del cardenal Robert Prevost como nuevo líder de la Iglesia Católica. Bajo el nombre de León XIV, el pontífice se convirtió en el sucesor de Francisco y en el primer papa con nacionalidad peruana, despertando orgullo y emoción entre millones de fieles.
Desde el inicio de su pontificado, León XIV ha marcado un estilo centrado en la defensa de la dignidad humana, la paz y la preocupación por el impacto de las tecnologías deshumanizadoras. Sus mensajes han buscado fortalecer la unidad de la Iglesia en medio de un contexto internacional marcado por conflictos y tensiones sociales.
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La elección del pontífice tuvo un significado especial para Chiclayo, ciudad donde ejerció como obispo durante varios años y construyó una estrecha relación con la población. En esa localidad del norte peruano, fieles y autoridades celebraron con orgullo la llegada al Vaticano de quien consideran un pastor cercano y comprometido con los más necesitados.
A sus 69 años, León XIV asumió la conducción espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo bajo la orden de San Agustín. Durante este primer año, mantuvo una postura firme frente a las guerras y crisis humanitarias, incluso generando cuestionamientos del presidente Donald Trump por sus declaraciones sobre temas sociales y humanitarios.
En el plano internacional, el pontífice realizó visitas apostólicas a Turquía, Líbano y el Principado de Mónaco, además de una gira pastoral por África. Mientras tanto, en el Perú crece la expectativa por una eventual visita oficial del papa, especialmente en Chiclayo, donde aún recuerdan con cariño al obispo que hoy guía a la Iglesia Católica desde el Vaticano.















