El nuevo corte al 90% de actas de la ONPE muestra un giro clave en la disputa por el segundo lugar: Roberto Sánchez Palomino pasa al frente con 1 843 245 votos (12.029%), superando ligeramente a Rafael López Aliaga, quien alcanza 1 824 707 votos (11.908%). La diferencia entre ambos es de apenas 18 538 votos, un margen extremadamente estrecho en términos electorales.
Desde una lectura política, este cambio evidencia que el voto aún es altamente volátil en el tramo final del conteo. La subida de Sánchez sugiere que estaría captando respaldo en zonas donde el procesamiento de actas ha sido más tardío, lo que podría responder a dinámicas territoriales específicas o a un voto menos urbano que recién se refleja en el consolidado.
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Para López Aliaga, la caída al tercer lugar no implica una derrota definitiva, pero sí lo coloca en una posición de alta presión. Con un margen tan reducido, cualquier variación en las actas pendientes —especialmente si provienen de sus bastiones electorales— podría permitirle recuperar el segundo puesto en las siguientes actualizaciones.
El escenario, por tanto, se vuelve de máxima incertidumbre política: no solo se trata de quién lidera momentáneamente, sino de qué territorios faltan por contabilizar y hacia dónde se inclina ese voto restante. En elecciones con diferencias tan cortas, incluso pequeños bloques de actas pueden alterar el resultado final.
La pregunta clave que queda en el aire es: ¿logrará Roberto Sánchez consolidar esta ventaja mínima o Rafael López Aliaga revertirá el resultado en el último tramo y se convertirá en el contendor de Keiko Fujimori en la segunda vuelta?















