Con una misa de acción de gracia, los pobladores del asentamiento Nuevo Pedregal recordarán aquel 27 de marzo, día en que fueron duramente golpeados por el desborde del río Piura.
Hecho que dejó a miles de hombres y mujeres totalmente en la calle y hoy de a pocos y con la fuerza que los caracteriza se vienen levantado de aquel duro momento que les tocó vivir.
Dicha ceremonia eucarística será celebrada este martes por el Arzobispo de Piura y Tumbes, José Antonio Eguren Anselmi, a partir de las 3 de la tarde En la plataforma deportiva de dicho sector.
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El presidente de la Comisión Organizadora Santos Anastacio Yovera hizo un llamado a las autoridades locales y regionales a trabajar por la reconstrucción de los sectores del Bajo Piura que fueron destruidos a consecuencia de los desmanes de la naturaleza.
Lamentó que a la fecha no se reconstruye la carretera que une los distritos de Catacaos y Curamori, pese a que se registraron hasta ahora cuatro accidentes de tránsito en dichos tramos destruidos por las turbulentas aguas que invadieron los sectores de Pedregal Grande, Nuevo Pedregal y Santa Rosa, generando que las familias vivan por más un mes en diferentes albergues de la ciudad de Piura.
Asimismo, dijo que a un año de haber perdido sus sembríos aún no puedan volver a realizar sus trabajos agrícolas, debido a la indiferencia de las autoridades del Gobierno Central, quienes no destinan presupuesto para la reconstrucción de los acueductos agrícolas destruidos a consecuencia del desborde del río.
El dirigente indicó que este problema no permite que los agricultores pueden acceder fácilmente para realizar sus labores de regadío.
“Nos sentimos desamparados por nuestras autoridades, porque no muestran su preocupación por los pobladores del Bajo Piura. Hasta ahora no vemos ninguna obra en nuestros sectores pese a que fuimos los más golpeados”, criticó el morador.
Por otro lado, los pobladores exigieron la pronta ejecución del sistema de alcantarillado, que tras el desborde del caudal colapsó y los miles de niños tienen que soportar a diario los olores nauseabundos que emanan de los botones colapsados.
“Nuestros niños se enferman con estos olores y nuestras autoridades no hacen nada por solucionarlo”, finalizó.














