Inicio Actualidad Sor Ana Teresa: más de un siglo de entrega y amor

Sor Ana Teresa: más de un siglo de entrega y amor

868
0

La historia de la hermana Ana Teresa, cuyo nombre de pila es Juana Rosa Martín Roncal, es la historia de una vida entregada al servicio de los demás. Llegó a Piura en los años 40, cuando esta ciudad era aún un pueblo pequeño y apacible, y desde entonces dejó huellas imborrables en la memoria de miles de personas. Con 101 años de vida, será un ejemplo de fortaleza y de fe, demostrando que nunca es tarde para servir y que la vocación verdadera no conoce límites de edad.

Su mayor obra se forjó en 1983, cuando las lluvias torrenciales devastaron el norte del Perú. En medio del hambre y la desesperación, la hermana Ana Teresa fue la primera en levantar la mano para ir a las pampas de Micaela Bastidas, un lugar considerado “zona roja” por su peligrosidad. Allí, con apenas una cocina rústica y mucha fe, comenzó a preparar alimentos para los niños y ancianos que lo habían perdido todo. Esa decisión, valiente y arriesgada, cambió la vida de una comunidad entera.

De ladrillos abandonados y ollas de barro nació un centro comunal que pronto se convirtió en refugio y esperanza para cientos de familias. Ana Teresa no solo dio de comer, también educó, organizó y formó a una comunidad que aprendió a luchar unida. Con el tiempo, logró que se instalara una posta médica, un comedor infantil y hasta la Casa del Adulto Mayor “Mi Cautivo”, donde hasta hoy se brinda alimento y cuidado a más de 90 ancianos en situación de pobreza.

Hasta sus 98 años, la hermana Ana Teresa preparaba menús, equilibrando proteínas y vitaminas, y pensando siempre en el bienestar de los demás. Su historia está tejida de pequeños milagros: como el burro que en los años 40 llevaba dinero al mercado sin que nadie lo robara, o como la solidaridad de los piuranos que nunca la dejaron sola en su misión. Ella lo resume en una frase sencilla y poderosa: “Dios nos ha creado para ayudarnos mutuamente y no para hacernos daño”.

Hoy, la vida de la hermana Ana Teresa no quedará solo en un recuerdo. Su semblanza no es solo la de una religiosa, sino la de una mujer que encarna el verdadero espíritu piurano: noble, solidario y lleno de amor.