Estados Unidos confirmó el despliegue de tres buques de guerra cerca de Venezuela con el objetivo de frenar el narcotráfico en el Caribe. Según la administración de Donald Trump, los destructores con 4 000 soldados a bordo buscan interceptar cargamentos de drogas que se dirigen a su territorio, responsabilizando a los cárteles latinoamericanos del flujo de fentanilo y otras sustancias ilícitas hacia las comunidades estadounidenses.
El Pentágono precisó que se trata de los buques USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson, todos equipados con el sistema de misiles guiados Aegis y radares avanzados. Su despliegue se extenderá por varios meses, en lo que Washington considera una operación clave para reducir la violencia vinculada al narcotráfico en sus ciudades. La Casa Blanca advirtió que está preparada para “usar todo su poder” frente a esta amenaza.
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La reacción en Caracas no tardó en llegar. El presidente Nicolás Maduro movilizó a millones de milicianos y denunció que se trata de una amenaza directa contra la soberanía venezolana. A través de un comunicado, el canciller Yvan Gil calificó de “infundadas” las acusaciones de narcotráfico y sostuvo que Estados Unidos busca justificar acciones intervencionistas en la región.
Asimismo, la Cancillería venezolana alertó que estas medidas ponen en riesgo la estabilidad de toda América Latina, en especial la Zona de Paz declarada por la CELAC. Caracas afirmó que seguirá defendiendo su independencia y que las políticas de Washington “demuestran el fracaso del imperialismo en someter a los pueblos libres de la región”.














