En una conversación con Noticias Piura 3.0, José Manuel Carneiro Leyton, el autor de El oro de los huérfanos, una obra literaria que se pensó durante años antes de ser redactada a mano y corregida en diversas etapas.
José Manuel Carneiro Leyton, nació en Brasil en 1994, llegó a Perú cuando aún era muy pequeño. El español, que inicialmente le resultó complicado aprender, se transformó con el paso del tiempo en su pasión más intensa: “No sabía que me estaba adaptando a lo que más amaría más adelante”, recuerda con emoción. Su apodo infantil, “cheché”, pues tuvo dificultades con ciertas palabras.
Su pasión por la literatura fue apareciendo progresivamente mientras cursaba secundaria. A pesar de que en su inicio deseaba estudiar medicina, inspirado por su abuelo, rápidamente la literatura adquirió relevancia.
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El escritor define su obra literaria como una “parodia con simbolismo“, en la que el lector hallará personajes prototípicos, la prostituta, el huérfano malagradecido y el hombre correcto, todos tratados con una profundidad psicológica poco usual. “No hay que inventar la pólvora en literatura, ya está todo inventado. Lo que importa es dar múltiples significados a lo ya conocido”, sostiene.
El escenario principal de su obra literaria es la ciudad ficticia de Orópolis. Carneiro, en lugar de denominar capitales reales como Lima o Buenos Aires, crea un universo simbólico en el que cada lugar, como el Club de Oro, el Reino o el centro comercial Oropolio, tiene una intención metafórica. “Me interesaba jugar con el lector, provocar la pregunta detrás del aparente lugar común”, dice.
En relación al proceso de creación, el autor enfatiza que la escritura se inicia mucho antes de ser escrita en papel. “Uno también escribe cuando está pensando”, afirma. Cuando se le pregunta sobre una palabra que defina su obra literaria, contesta con dos: ardor y simbolismo.
Ardor, ya que la obra fue escrita desde el interior, con el propósito de iluminar los rincones oscuros del ser humano; y simbolismo debido a cada nombre, cada espacio, cada acto, está pensado para provocar diversas interpretaciones. “La literatura tiene que dejar huella”, señala Carneiro, seguro de que solo de esta manera una obra puede trascender.
Finalmente, brinda una sugerencia a los escritores en proceso de formación: leer mucho, redactar sin facilismo y mantenerse auténticos. “Se es grande cuando se es genuino, aunque se nos vea pequeños desde afuera.”















