A cuatro días de la desaparición de Anthony Camizán Guerrero, su propio teléfono volvió a “dar señales de vida”. El 25 de agosto de 2022, día de su cumpleaños, familiares y amigos recibieron respuestas tranquilizadoras desde su celular, mensajes que hoy, según la investigación fiscal y policial, no habrían sido escritos por él, sino por el suboficial PNP Edixón Ronne Córdova Godos, principal sospechoso del caso.
De acuerdo con la familia, Córdova Godos tenía pleno acceso a la vida digital y financiera de Anthony. Conocía las contraseñas de su teléfono, redes sociales y tarjetas bancarias, un nivel de control que, lejos de ser casual, hoy es considerado clave para entender cómo se habría construido una falsa normalidad tras la desaparición del joven. “Nos dijeron que estaba en la playa y que luego se comunicaría”, recordó su hermano Junior Camizán, quien sostiene que esos mensajes buscaban ganar tiempo.
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Las pericias telefónicas refuerzan esta hipótesis. Reportes de la empresa Entel revelan que la línea de Anthony era suspendida y reactivada de manera irregular, coincidiendo con conflictos previos entre la víctima y el suboficial, quien además manejaba hasta cuatro números telefónicos, uno de ellos a nombre de una expareja. Para los investigadores, este patrón evidencia un intento sistemático de control y manipulación de las comunicaciones.
Mientras tanto, la indignación crece. Pese a tener una orden de nueve meses de prisión preventiva, Córdova Godos dejó de presentarse a su centro de labores en la comisaría de Pacchas y permanece prófugo. La familia de Anthony exige resultados y cuestiona cómo, desde el teléfono de un joven desaparecido, se pudo intentar silenciar la verdad que hoy clama justicia.














