Hoy por la mañana, pobladores del asentamiento humano Santa Rosa, denunciaron un nuevo atropello ambiental: maquinaria pesada llegó hasta la zona donde ayer habían intentado cortar con sierra varios algarrobos, y esta vez procedieron a sacar de raíz los árboles.
Esto ha desatado una ola de indignación social. Se trata de una acción que los vecinos califican como un verdadero arboricidio, atribuyendo la responsabilidad a las autoridades regionales y provinciales, por permitir o autorizar estos trabajos sin consultar ni evaluar alternativas de conservación.
Cómo ya se sabe, el proyecto de la avenida Don Bosco involucra la tala proyectada de 593 algarrobos, lo que generó críticas de ambientalistas y activistas locales por considerar que esas especies representan un “pulmón verde” indispensable para mitigar las altas temperaturas y contribuir al paisaje cultural de la ciudad.
En otro caso, obras de remodelación en la avenida Sánchez Cerro también incluyeron la tala de más de 200 algarrobos y generaron protestas ciudadanas, pese a que las autoridades señalaron que existía un estudio de impacto ambiental para esa intervención.
Los afectados advierten que el uso de maquinaria pesada para arrancar de raíz los algarrobos empeora el daño: no solo se pierde el árbol inmediatamente sino el sistema de raíces que sostiene al suelo, agrava la erosión, y se reduce aún más la capacidad de recuperación natural del ecosistema.
También puedes leer: Congreso aprueba octavo retiro AFP con polémico blindaje a reforma
Vecinos informan que no hubo comunicación formal previa, ni participación ciudadana, ni medidas compensatorias claras más allá de promesas vagas de reforestación, similares a las ofrecidas en otros casos con escasa transparencia. En aquellas intervenciones, se propuso plantar especies nativas, árboles de sombra y árboles exóticos, pero muchos dudan de que los compromisos se cumplan.
Ante la gravedad, organizaciones ambientales exigen que se paralice inmediatamente la remoción de estos árboles hasta que haya una auditoría independiente de los permisos otorgados, una evaluación pública del impacto ecológico, y la exploración de alternativas que permitan conservar al menos parte significativa de los algarrobos.
Los vecinos advierten que no se trata solo de árboles, sino de su calidad de vida, su salud (por la sombra y el aire), y de proteger el patrimonio natural que no puede recuperarse de la noche a la mañana.














